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En todo el cosmos, los misterios superan con creces lo que podemos observar desde la Tierra. Si bien las deslumbrantes supernovas y las brillantes constelaciones captan la atención, las preguntas más profundas a menudo residen en la química del medio interestelar.
Entre las estrellas se encuentra el medio interestelar, una vasta extensión de gas dominada por el hidrógeno, seguido del helio. El helio, un gas noble, tradicionalmente se considera inerte en la Tierra porque no forma enlaces en condiciones normales. Sin embargo, la física del espacio difiere, lo que permite que el helio y otros gases nobles participen en reacciones que son imposibles en nuestro planeta.
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En la tabla periódica, la columna de la derecha (Grupo 18) alberga los gases nobles:helio, neón, argón, criptón, xenón, radón y el oganesón sintético. Si bien los seis primeros ocurren naturalmente en la Tierra, el oganesson sigue siendo una curiosidad de laboratorio, descubierta recién en 2002. Los gases nobles poseen capas de valencia llenas, lo que los hace reacios a compartir o donar electrones. Sin embargo, en el entorno espacial de baja densidad y alta energía, la radiación ionizante puede despojar a los electrones, permitiendo que átomos que de otro modo serían inertes se unan.
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El lanzamiento del Observatorio Espacial Herschel de la ESA en 2009 permitió a los astrónomos detectar la primera molécula de gas noble más allá de la Tierra. Al medir la emisión infrarroja a 485 µm hacia la Nebulosa del Cangrejo, los científicos identificaron argonio (ArH⁺), un complejo protonado de argón-hidrógeno. La ionización del argón por rayos cósmicos proporciona la deficiencia electrónica necesaria para que se forme el enlace. Curiosamente, esta molécula incorpora un isótopo de argón diferente al que domina la atmósfera de la Tierra.
Durante mucho tiempo se ha planteado la hipótesis de que el hidruro de helio (HeH⁺) es la molécula inaugural del Universo. Formado a partir de los dos elementos primordiales más abundantes (hidrógeno y helio), este ion habría aparecido poco después del Big Bang. La primera confirmación observacional se produjo en 2019, cuando un estudio publicado en Nature informó sobre el HeH⁺ en una nebulosa planetaria ubicada a 3000 años luz de distancia.