Por David Sandoval • Actualizado el 24 de marzo de 2022
La energía eléctrica impulsa nuestro mundo, desde mover máquinas hasta iluminar hogares. Dos formas fundamentales son la corriente continua (DC) y la corriente alterna (AC). La CC fluye en una sola dirección, manteniendo una polaridad fija, mientras que la CA invierte periódicamente la polaridad, una característica que abre muchas aplicaciones prácticas.
En el corazón del suministro de CA se encuentra el alternador , un generador electromecánico que crea un campo magnético transitorio. A medida que este campo recorre los devanados de la bobina, induce un voltaje alterno, convirtiendo el movimiento mecánico en energía eléctrica utilizable.
Un inductor sólo puede producir una corriente eléctrica significativa cuando cambia el campo magnético a su alrededor. Un campo estático produce simplemente un breve pico de CC que desaparece rápidamente, normalmente en menos de un segundo. El continuo vaivén del campo es lo que mantiene vivo a AC.
Cuando el campo magnético invierte su dirección, la corriente inducida también lo hace. La velocidad de esta inversión se mide en hercios (ciclos por segundo). En los hogares norteamericanos, por ejemplo, la frecuencia estándar es 60 Hz, lo que significa que la corriente cambia de dirección 120 veces por segundo.
Muchos componentes críticos (condensadores, transformadores, motores de inducción) requieren un cambio de polaridad para funcionar. Un transformador, que utiliza dos devanados enrollados en un núcleo compartido, sólo puede aumentar o disminuir el voltaje con CA; DC lo dejaría bloqueado e ineficaz. De manera similar, los capacitores bloquean la CC y permiten el paso de la CA, lo que los hace indispensables en el procesamiento de señales.
Comprender cómo se genera la corriente alterna y por qué cambia su polaridad da una idea de por qué la CA domina la distribución de energía residencial e industrial, mientras que la CC encuentra su nicho en la electrónica y las aplicaciones especializadas.