Por Christine DiMaria | Actualizado el 24 de marzo de 2022
La soldadura de metal-gas inerte (MIG), también conocida como soldadura por arco metálico con gas (GMAW), surgió durante la Segunda Guerra Mundial como un método de producción rápida de hardware militar. El proceso se basa en un arco eléctrico continuo entre un electrodo de alambre consumible y la pieza de trabajo. Un gas protector, normalmente argón o una mezcla con CO₂, protege el baño fundido de la contaminación atmosférica. El alambre se alimenta automáticamente, lo que permite un funcionamiento semiautomático o totalmente automatizado; este último suele emplear brazos robóticos.
La soldadura con gas inerte de tungsteno (TIG) utiliza un electrodo de tungsteno no consumible para crear el arco. El operador suministra una varilla de relleno separada si es necesario. TIG emplea un escudo de argón puro que aísla el charco de soldadura, lo que resulta en salpicaduras mínimas y una excelente limpieza de la soldadura. Al igual que MIG, TIG se puede realizar de forma manual o robótica, aunque la técnica manual exige mayor precisión.
MIG ofrece versatilidad en una amplia gama de metales, desde acero dulce hasta acero inoxidable y aluminio, y destaca en la soldadura de materiales de espesor fino a medio. Su alimentación de alambre consumible simplifica la configuración, lo que facilita el aprendizaje a los principiantes. TIG, por otro lado, ofrece control y calidad de acabado superiores, produciendo soldaduras limpias y sin salpicaduras, ideales para trabajos estéticos o de precisión. Según Miller Electric, TIG puede soldar más metales que cualquier otro proceso.
Debido a su velocidad y robustez, MIG es la opción ideal para proyectos a gran escala, como reparación de carrocerías de automóviles, acero estructural y fabricación de chapa metálica. TIG brilla en trabajos más pequeños e complejos (armería, cuadros de bicicletas, piezas de cortadoras de césped) así como en aleaciones exóticas como níquel, latón y oro, donde una soldadura limpia y precisa es esencial.