Por Carolyn LaRoche, actualizado el 24 de marzo de 2022
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Los átomos pueden adquirir una carga eléctrica perdiendo o ganando electrones, convirtiéndose en iones. Un ion cargado positivamente se llama catión , mientras que un ion cargado negativamente se conoce como anión . Los iones desempeñan un papel central en los enlaces iónicos, que crean muchos de los compuestos que encontramos a diario.
Cada átomo contiene protones (positivos), neutrones (neutrales) y electrones (negativos). Los electrones orbitan alrededor del núcleo y pueden moverse entre átomos. Cuando un átomo pierde uno o más electrones, se convierte en catión. Por el contrario, cuando un átomo gana electrones, se convierte en anión. El equilibrio entre protones y electrones determina la carga del ion.
Los metales, que dominan la tabla periódica, pierden electrones fácilmente para lograr una configuración electrónica estable. Los cationes resultantes suelen tener una carga positiva que corresponde al número de electrones perdidos. La carga varía según el grupo del metal:
Debido a que los electrones libres abundan en los metales, conducen la electricidad de manera eficiente, una propiedad directamente relacionada con la formación de cationes.
Los no metales, ubicados en el lado derecho de la tabla periódica, tienden a ganar electrones para llenar sus capas de valencia. Estos electrones adicionales crean un excedente de carga negativa, formando aniones. Las cargas típicas dependen del grupo del no metal:
A diferencia de los metales, los no metales no conducen electricidad porque los electrones están estrechamente unidos a sus átomos.
Comprender la formación de iones ayuda a explicar una amplia gama de fenómenos químicos, desde cómo se disuelve la sal en agua hasta cómo las células biológicas mantienen gradientes eléctricos. Reconocer el patrón de cargas en la tabla periódica también ayuda a predecir el comportamiento de los elementos en reacciones químicas.