Por Jack Brubaker – Actualizado el 30 de agosto de 2022
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El dióxido de carbono (CO₂) circula en la atmósfera de la Tierra en aproximadamente un 0,033 por ciento. Se forma durante la respiración animal y la combustión de hidrocarburos. A diferencia de la mayoría de los gases, el CO₂ no se liquida a temperatura ambiente; se sublima, pasando directamente de sólido a gas.
La densidad es la masa de una sustancia por unidad de volumen, expresada en gramos por mililitro (g/mL) o gramos por centímetro cúbico (g/cc). Para los gases, la métrica suele ser g/mL debido a los pequeños valores involucrados.
En condiciones estándar (0 °C, 1 atm), el CO₂ tiene una densidad de 0,001977 g/mL. Esto es ligeramente superior a los 0,001239 g/ml del aire, lo que hace que el CO₂ sea ligeramente más pesado y más propenso a acumularse en zonas bajas.
En su forma sólida, comúnmente llamada hielo seco, la densidad del CO₂ aumenta a 1,56 g/mL en condiciones estándar. Por contexto, la densidad del agua líquida es de aproximadamente 1,00 g/mL, por lo que el hielo seco se hunde cuando se introduce en el agua.
Estos valores están corroborados por datos del NIST Chemistry WebBook y otras bases de datos químicas acreditadas.
Comprender la densidad del CO₂ es esencial para aplicaciones que van desde la ciencia climática hasta los procesos industriales.