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El cesio es un metal alcalino raro y altamente reactivo, del que sólo se consumen unas 55.000 libras cada año en todo el mundo. Su aplicación principal es en lodos de perforación petrolera, mientras que los usos especializados incluyen relojes atómicos en el Observatorio Naval de EE. UU., sistemas de seguimiento por satélite, procesos agrícolas y la fabricación de ciertos componentes electrónicos. Un isótopo radiactivo, el cesio-137, se emplea en la radioterapia para el cáncer.
Como el metal más reactivo conocido, el cesio reacciona violentamente con el aire y explosivamente con el agua, produciendo gas hidrógeno inflamable. Estas propiedades lo clasifican como un material peligroso, exigiendo estrictos controles durante su almacenamiento y transporte.
Para evitar la ignición accidental, el cesio puro se aísla del aire y la humedad mediante varios métodos probados:
Cuando se debe transportar cesio se refuerzan las mismas precauciones que se aplican durante el almacenamiento:
Cumplir con estos protocolos protege al personal, los equipos y el medio ambiente de los riesgos inherentes al manejo de cesio puro.