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  • Legado inesperado:la sorprendente historia de las vacas salvajes de la isla de Ámsterdam

    Fondo

    En 1871, un granjero de Reunión, una isla francesa frente a Madagascar, trasladó a su familia y un puñado de ganado a la remota isla de Ámsterdam, situada aproximadamente a la misma distancia entre África, Australia y la Antártida, en un intento de establecer un nuevo medio de vida. Al cabo de un año, la expedición regresó a Reunión, dejando atrás las vacas. Aunque la misión fue en gran medida olvidada por la historia, la manada que dejó sigue intrigando a los científicos.

    Del abandono a la invasión

    La isla de Ámsterdam es un afloramiento volcánico en el sur del Océano Índico y ofrece pocos recursos para el sustento del ganado. Los primeros colonos abandonaron las vacas, pero los animales lograron prosperar, estableciendo una de las pocas poblaciones de ganado salvaje del mundo. En su apogeo, la manada contaba con alrededor de 2000 individuos, y los investigadores sacrificaban aproximadamente 50 por año para sustento y control de la población.

    Si bien la diversidad genética de la manada la hacía valiosa para la investigación (especialmente en genética), su presencia planteaba una grave amenaza ecológica. El pastoreo de las vacas devastó las comunidades de plantas nativas y alteró el frágil ecosistema de la isla. En respuesta, el gobierno francés erigió una cerca de alambre de púas electrificada para confinar la manada a la mitad norte de la isla y sacrificó sistemáticamente a los que estaban al sur de la barrera. El programa tuvo éxito y condujo al sacrificio completo de las vacas restantes en 2010.

    Por qué las vacas de la isla de Ámsterdam son importantes para la ciencia

    El ganado salvaje es una rareza en todo el mundo, lo que limita las oportunidades de estudiar el proceso de salvajeización en los ungulados. Sorprendentemente, un estudio de 2019 publicado en Molecular Biology and Evolution reveló que la manada de la isla de Ámsterdam mostraba una mayor diversidad genética que las razas domésticas europeas contemporáneas, a pesar de tener solo cinco fundadores hace menos de un siglo.

    Los investigadores atribuyen este éxito a la herencia preferencial de las vacas. La raza fundadora era en gran parte de ascendencia europea, estrechamente relacionada con la raza Jersey de Gran Bretaña. Su estatura relativamente pequeña y su adaptación a climas fríos y húmedos les dieron una ventaja evolutiva en el entorno subpolar de la isla de Ámsterdam.

    Aunque la manada de la isla de Amsterdam ha sido erradicada, otras poblaciones de ganado salvaje ofrecen información continua. En la zona de exclusión de Chernobyl, las vacas salvajes son monitoreadas como análogas a los uros extintos, mientras que en la isla Chirikof de Alaska la manada está protegida como una salvaguardia genética contra posibles brotes de enfermedades. Estas poblaciones restantes subrayan la importancia de preservar el ganado salvaje para la investigación tanto ecológica como evolutiva.

    Conclusión

    El legado de las vacas salvajes de la isla de Ámsterdam ilustra cómo una única expedición abandonada puede dejar una huella científica duradera. Al estudiar su diversidad genética, impacto ecológico y estrategias de adaptación, los investigadores obtienen una comprensión más profunda de la evolución, el manejo de especies invasoras y la genética de la conservación.

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