1. Patógenos intracelulares: Estos incluyen virus, bacterias que viven dentro de las células (como Mycobacterium tuberculosis) y algunos parásitos. Las células T reconocen y destruyen células infectadas, evitando la propagación del patógeno.
2. Células cancerosas: Las células T pueden reconocer y atacar células cancerosas que muestran proteínas anormales en su superficie. Esta es la base de la inmunoterapia, una estrategia prometedora de tratamiento del cáncer.
3. Tejidos extranjeros: Las células T están involucradas en el rechazo de los trasplantes de órganos y otros tejidos extraños. Este es un mecanismo de protección, pero también puede provocar complicaciones en los receptores de trasplante.
4. Algunas bacterias extracelulares: Si bien se dirigen principalmente a patógenos intracelulares, las células T también pueden contribuir a combatir bacterias extracelulares liberando moléculas de señalización (citocinas) que activan otras células inmunes.
Roles clave de las células T:
* asesinato directo: Algunas células T (células T citotóxicas) matan directamente las células infectadas o cancerosas al liberar sustancias tóxicas.
* Regulación inmune: Otras células T (células T auxiliares) regulan la respuesta inmune al liberar citocinas que activan otras células inmunes, como los macrófagos y las células B.
* memoria: Las células T pueden formar células de memoria que recuerdan patógenos específicos y pueden montar una respuesta más rápida y fuerte tras la reexposición.
Es importante tener en cuenta que las células T no son los únicos jugadores en el sistema inmune. Trabajan en concierto con otras células inmunes, como las células B y los macrófagos, para proporcionar protección integral contra los patógenos.