Este principio destaca la interconexión entre las características anatómicas de una parte del cuerpo y su papel o función específica. En otras palabras, la forma en que se construye algo influye directamente en cómo funciona.
Aquí hay algunos ejemplos:
* La mano humana: El pulgar opuesto y los dedos flexibles permiten un agarre y manipulación precisos.
* El corazón: Las cuatro cámaras y válvulas aseguran una circulación sanguínea eficiente en todo el cuerpo.
* los pulmones: Los numerosos alvéolos, con su gran área de superficie, facilitan el intercambio de gases eficiente.
Este principio es fundamental para comprender el funcionamiento de los organismos vivos, y se aplica a todos los niveles de organización, desde células hasta órganos y sistemas completos.