1. Alta densidad de energía: Un buen combustible debe liberar una gran cantidad de energía por unidad de masa o volumen. Esto significa que obtienes más "golpes por tu dinero" en términos de la producción de energía.
2. Facilidad de manejo y almacenamiento: El combustible debe ser relativamente fácil de transportar, almacenar y manejar. Debe ser estable y no descomponerse o reaccionar fácilmente con sus alrededores.
3. Clean Burning: Idealmente, un buen combustible debe producir contaminantes mínimos (como humo, dióxido de azufre o monóxido de carbono) cuando se quema. Esto minimiza el impacto ambiental y promueve la calidad del aire más limpia.
4. Disponibilidad y rentabilidad: Un buen combustible debe estar disponible y asequible. Esto asegura que la fuente de combustible pueda ser utilizada de manera sostenible y fácilmente accesible para los consumidores.