En 1869, Dmitri Mendeleev publicó "Sobre la relación de las propiedades de los elementos con sus pesos atómicos", sentando las bases de la tabla periódica.
Durante la era de Mendeleev, los átomos eran vistos como entidades indivisibles cuyos pesos variaban. Ordenar elementos aumentando el peso parecía lógico, sin embargo, surgieron dos problemas clave:medir pesos atómicos precisos era un desafío y el peso atómico no refleja el verdadero principio de organización de los elementos.
Mendeleev señaló que "la disposición según el peso atómico corresponde a la valencia del elemento y, hasta cierto punto, a la diferencia en el comportamiento químico". Emparejó el orden del peso atómico con las valencias comunes, agrupando elementos con características similares en columnas verticales:los “grupos” de hoy. Este patrón periódico hizo que la tabla fuera predictiva, lo que permitió a Mendeleev anticipar elementos no descubiertos.
Casi cinco décadas después, el modelo atómico evolucionó. Los científicos descubrieron un núcleo central que contiene protones y neutrones, rodeado por una nube de electrones. La cantidad de protones, llamada número atómico, determina la identidad del elemento, y la cantidad casi igual de electrones gobierna su química.
Los electrones ocupan capas concéntricas. Los electrones de la capa más externa, conocidos como electrones de valencia, dictan cómo reacciona un elemento. Los elementos del grupo 1A poseen un único electrón de valencia; cada columna sucesiva a la derecha agrega una más. Si bien los elementos del Grupo B exhiben configuraciones electrónicas más complejas, también siguen un patrón de electrones de valencia, que sustenta la estructura de la tabla periódica moderna.
Como referencia autorizada, la Unión Internacional de Química Pura y Aplicada (IUPAC) define la tabla periódica por número atómico, que refleja la disposición de los electrones que gobierna el comportamiento químico.
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