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El etanol, o alcohol etílico, es un combustible renovable derivado de fuentes vegetales como el maíz, la caña de azúcar y los desechos agrícolas. Es el mismo alcohol que se encuentra en la cerveza, el vino y las bebidas espirituosas, y se usa ampliamente en desinfectantes para manos y alcohol isopropílico. Cuando se quema, el etanol es un combustible de combustión limpia que produce una cantidad mínima de hollín e hidrocarburos no quemados, lo que lo convierte en una alternativa popular a la gasolina y el gas natural.
El metanol, o alcohol de madera, comparte una estructura química similar con el etanol, pero difiere en varios aspectos clave. Por lo general, se produce a partir de madera, gas de síntesis u oxidación de metano. A diferencia del etanol, el metanol es tóxico para los seres humanos y se utiliza principalmente como desnaturalizante para alcoholes comerciales, disolvente en procesos industriales y como combustible en determinadas aplicaciones de alto rendimiento. La combustión del metanol también es limpia, pero su toxicidad requiere un manejo cuidadoso.
Cuando se quema al aire, el etanol puro alcanza una temperatura máxima de llama de 1920 °C (3488 °F). El metanol puro alcanza un pico ligeramente más bajo de 1.870 °C (3.398 °F). La diferencia (alrededor de 50 °C) significa que el etanol produce una llama ligeramente más caliente en condiciones idénticas.
El punto de inflamación, la temperatura más baja a la que se encienden los vapores, es de 14°C (57,2°F) para el etanol y de 11°C (51,8°F) para el metanol. El punto de inflamación más bajo del metanol lo hace más volátil y potencialmente más peligroso en ambientes no controlados.
La autoignición, la temperatura a la que una sustancia se enciende sin llama externa, es mayor para el metanol que para el etanol. Esto significa que el metanol requiere una superficie o ambiente más caliente para encenderse espontáneamente.
El etanol normalmente produce una llama azul, mientras que el metanol arde con un brillo amarillo anaranjado. Esta señal visual puede ayudar a identificar qué alcohol se está quemando en un entorno determinado.
El etanol arde a mayor temperatura que el metanol, tiene un punto de inflamación más alto, pero una temperatura de autoignición más baja. El metanol es más volátil y tóxico.
Tanto el etanol como el metanol se utilizan como alternativas más limpias a la gasolina en aplicaciones industriales y automotrices. También sirven como ingredientes clave en productos de cuidado personal, como desinfectantes para manos y alcohol isopropílico. Además, el alcohol isopropílico (que se encuentra comúnmente en el alcohol isopropílico) se utiliza a menudo como desnaturalizante o como combustible compacto para estufas de camping.
Otros alcoholes, como butano, acetona, propano y hexano, también se emplean en procesos químicos y como combustibles, pero normalmente contienen diferentes grupos funcionales y perfiles de seguridad.
Como el metanol es venenoso, está estrictamente regulado y nunca se vende para consumo directo. El almacenamiento, el etiquetado y la ventilación adecuados son esenciales cuando se trabaja con cualquiera de los dos tipos de alcohol. Cuando se utilizan como combustible, ambas sustancias deben manipularse en áreas bien ventiladas y almacenarse en contenedores compatibles para evitar una ignición accidental.