Por John E. Roper, actualizado el 30 de agosto de 2022
Neptuno, el octavo planeta desde el Sol, lleva el nombre del dios romano del mar. Fue predicho matemáticamente por primera vez en 1846 por el astrónomo francés Urbain J. J. Leverrier y el astrónomo británico John Couch Adams, quienes detectaron de forma independiente una perturbación en la órbita de Urano que condujo al descubrimiento de Neptuno. Aunque Galileo observó un objeto parecido a un planeta en 1612, lo identificó erróneamente como una estrella.
Neptuno cuenta con 13 lunas conocidas, pero Tritón se destaca porque orbita el planeta en la dirección opuesta a su rotación, una órbita retrógrada única en el sistema solar. Esta trayectoria inusual sugiere que Tritón fue capturado en el Cinturón de Kuiper, un depósito de hielo distante más allá de Neptuno.
A diferencia de los anillos lisos y continuos de Saturno, el sistema de anillos de Neptuno se divide en tres arcos brillantes llamados Libertad, Igualdad y Fraternidad. Los arcos siguen siendo estrechos y confinados, un misterio que ha desconcertado a los científicos durante décadas. Los modelos actuales atribuyen el confinamiento a la influencia gravitacional de Galatea, una de las lunas interiores de Neptuno, que guía el material hacia arcos estables y no uniformes.
Las sondas y observaciones indican que Neptuno no tiene una superficie sólida. Su núcleo rocoso y helado está envuelto por un manto líquido profundo y cubierto por una densa atmósfera de hidrógeno, helio y metano. La atmósfera superior está cubierta de espesas capas de nubes y los vientos pueden alcanzar hasta 700 mph (≈1130 km/h). Estos poderosos vientos impulsan vórtices de larga duración, incluida la Gran Mancha Oscura vista por primera vez por la Voyager2 en 1989. La mancha desapareció en 1994 pero reapareció en 1995, lo que ilustra la naturaleza dinámica y tormentosa de los cielos de Neptuno.