Surasak Suwanmake/Getty Images
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Durante siglos, los estudiosos han debatido si los humanos son inherentemente buenos o malos. Si bien las respuestas definitivas siguen siendo difíciles de alcanzar, la investigación ofrece una perspectiva esperanzadora:una mayor inteligencia tiende a asociarse con un comportamiento reflexivo, considerado y altruista.
En un estudio del International Journal of Nonprofit and Voluntary Sector Marketing, los investigadores encuestaron a adultos estadounidenses mayores de 50 años para examinar la relación entre la capacidad cognitiva y las donaciones caritativas. Los participantes completaron una batería de pruebas cognitivas; aquellos con puntuaciones más altas tenían significativamente más probabilidades de donar, incluso después de controlar la edad, los ingresos, la riqueza, la salud y la educación.
Otro estudio en el Journal of Research in Personality encontró que el comportamiento altruista incondicional se correlaciona con la inteligencia general. Dos investigaciones separadas apoyaron consistentemente un vínculo positivo entre inteligencia y generosidad. Un artículo de 1998 en el Journal of Personality and Social Psychology evaluó el coeficiente intelectual de los participantes antes de observar su desempeño en escenarios de negociación. Los participantes más inteligentes tendieron a ofrecer a los socios mejores resultados en situaciones en las que todos ganan, lo que refleja una mentalidad de "todos ganan".
Estos hallazgos sugieren un patrón:las personas más inteligentes no sólo están más inclinadas a dar, sino también menos propensas a acumular recursos para sí mismas.
Definir inteligencia es complejo. Thomas Sowell, en su libro “Intellectuals and Society”, distingue intelecto, inteligencia y sabiduría. Escribe que la inteligencia combina la capacidad intelectual con el juicio y la selección cuidadosa de factores explicativos. La sabiduría, señala, fusiona el intelecto, el conocimiento, la experiencia y el juicio en una comprensión coherente.
Debido a que los estudios utilizan diversas medidas (pruebas de coeficiente intelectual, razonamiento fluido, resolución práctica de problemas), “inteligencia” puede significar cosas diferentes en cada contexto. Por lo tanto, una tendencia hacia la bondad podría reflejar una forma de inteligencia más que un rasgo universal.
La hipótesis del altruismo-empatía del psicólogo social C. Daniel Batson sostiene que las personas empáticas tienen más probabilidades de ayudar a los demás. Una revisión de 2014 en The Oxford Handbook of Prosocial Behavior encontró un fuerte apoyo a esta idea.
Por el contrario, un estudio de Fronteras en Psicología vinculó altos rasgos maquiavélicos con una empatía reducida, un resultado asociado con desafíos emocionales como la anhedonia. Estos hallazgos indican que el comportamiento altruista puede deberse más a la empatía y la salud emocional que a la inteligencia únicamente.
A pesar de los matices, un estudio de 2024 en Social Psychology and Personality Science observó que las personas inteligentes son más autodirigidas y benévolas, y menos convencionales y conformistas. En otras palabras, un coeficiente intelectual más alto se correlaciona con la formación de creencias independientes y una mayor inclinación hacia la benevolencia.
Si bien los orígenes genéticos y ambientales de la inteligencia siguen bajo investigación, un creciente conjunto de investigaciones sugiere un vínculo significativo entre la capacidad cognitiva y los rasgos prosociales. Encontrarse con una persona amable y afectuosa no garantiza una alta inteligencia, pero la evidencia apunta a una mayor probabilidad de competencia cognitiva.