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La luna llena de este mes es un espectáculo especial:se encuentra baja en el horizonte y parece notablemente más grande de lo habitual. El efecto es una ilusión óptica que ha intrigado a los científicos durante décadas, pero la luna en sí no cambia de tamaño ni de distancia.
En el hemisferio norte, la luna llena de julio se llama comúnmente “luna de ciervo” porque coincide con la época del año en la que las astas de un ciervo macho alcanzan su máximo crecimiento. Las lunas de Buck suelen atraer especial atención por dos razones. En primer lugar, la luna de este año es la primera luna llena de la temporada de verano y llega menos de un mes después del solsticio de verano. En segundo lugar, tiende a aparecer bajo en el horizonte, adquiriendo a veces un tono naranja cálido similar a la luna llena.
Durante el solsticio de verano, el sol alcanza su punto más alto en el cielo del hemisferio norte, lo que significa que la luna también alcanza su punto anual más bajo en el horizonte. Como resultado, la luna del ciervo (o, en junio, la ocasional “luna de fresa”) es con frecuencia la luna llena más baja de todo el año.
Cuando la luna está muy baja, parece mucho más grande para el ojo humano. Sin embargo, las fotografías tomadas de la luna macho revelan el mismo diámetro angular que una luna llena en lo alto del cielo, lo que indica que la ilusión no se transfiere a imágenes y, por lo tanto, es un truco de percepción.
Una de las explicaciones más aceptadas es que los objetos en primer plano, como árboles, edificios o montañas distantes, enmarcan la luna, haciéndola parecer más cercana y más grande en comparación. Sin embargo, esta teoría es cuestionada por informes de astronautas en órbita terrestre baja que también experimentan la ilusión, lo que sugiere que el efecto puede involucrar procesos visuales y cognitivos complejos más allá de simples señales de profundidad.
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A pesar de las teorías predominantes, no ha surgido ningún consenso sobre por qué la Luna parece más grande cuando está baja en el horizonte. Los investigadores continúan investigando la interacción de las señales visuales, el movimiento ocular y la interpretación del cerebro que culminan en este misterio perdurable.