Por colaborador | Actualizado el 24 de marzo de 2022
La difusión es el movimiento espontáneo de moléculas desde un área de mayor concentración a un área de menor concentración, impulsado por su energía cinética inherente. Con el tiempo, este proceso iguala las concentraciones sin necesidad de un catalizador, basándose únicamente en la energía interna de las propias moléculas.
Todas las moléculas poseen energía interna que se manifiesta como un movimiento microscópico aleatorio. Incluso en un baño de agua que parece estar quieto, las moléculas de su interior viajan a cientos de pies por segundo. La velocidad a la que se produce la difusión depende de esta energía interna y de las propiedades específicas de cada sustancia.
Considere un contenedor sellado dividido por una barrera removible. Por un lado está presente monóxido de carbono (CO); por el otro, oxígeno (O₂). Mientras la barrera permanece, los gases permanecen inmóviles a nivel macroscópico pero sus moléculas chocan constantemente con la barrera. Una vez que se elimina la barrera, las moléculas comienzan a mezclarse, moviéndose desde el lado rico en CO hacia el lado rico en O₂. Con el tiempo, todo el recipiente se convierte en una mezcla homogénea, formando en este caso dióxido de carbono (CO₂) a medida que los gases reaccionan.